# # Extra 7
## El torneo de las hojas caídas
El festival de las hojas rojas había terminado hacía apenas una semana cuando los primeros forasteros comenzaron a llegar a la aldea.
No venían en grupos grandes. Primero fueron dos, luego tres, luego una familia entera con un carro lleno de provisiones. Todos tenían el mismo destino: el claro al sur de la aldea, donde cada dos años se levantaban las vallas de madera que delimitaban la arena de combate. Veinte metros por veinte metros de tierra apisonada, rodeada de estacas y cuerdas, con gradas improvisadas de troncos para que los espectadores pudieran sentarse y observar.
El Torneo de las Hojas Caídas.
Sheijuu lo había escuchado mencionar varias veces durante los últimos días, siempre con el mismo tono de entusiasmo que los aldeanos reservaban para las grandes ocasiones. Los jóvenes hablaban de los campeones de torneos anteriores, los ancianos recordaban peleas legendarias, y los niños corrían imitando golpes y patadas con palos de madera. Había algo en el ambiente, una mezcla de expectación y orgullo, que recordaba a las ferias militares que Sheijuu había visto en Valthar, pero sin la tensión de la guerra.
—Tienes que participar —dijo Kaider, sentado en el borde de la plataforma, con una sonrisa que Sheijuu ya conocía demasiado bien.
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no me interesa.
—Eso no es una razón.
—Es la única que tengo.
Kaider rodó los ojos y se giró hacia Shaara, que estaba recogiendo hojas secas del suelo para usar como yesca. Llevaba una capa ligera y el cabello recogido en un moño bajo, y sus dedos se movían con rapidez entre las hojas caídas.
—Dile algo —insistió Kaider.
Shaara levantó la vista, evaluando a Sheijuu con una expresión que no revelaba nada.
—Si no quieres, no tienes por qué hacerlo.
—¡Eso no ayuda! —exclamó Kaider.
—Pero si participas —continuó Shaara, como si Kaider no hubiera hablado—, podría ser interesante verte pelear contra alguien que no sea tu hermano. Aunque sea solo para variar.
Sheijuu la miró. No había presión en su voz, solo una observación tranquila, pero eso era precisamente lo que la hacía efectiva.
—¿Y si participo y pierdo en la primera ronda?
—Entonces habrás perdido una pelea. No es el fin del mundo.
—Habré hecho el ridículo delante de toda la aldea.
—Ya has hecho cosas peores. Recuerdo cuando caíste al río delante de todos los niños.
—Eso no fue mi culpa. La orilla estaba resbaladiza.
—Claro que no.
Shaara sonrió, y Sheijuu supo que había perdido la discusión.
—Está bien —dijo finalmente—. Participaré. Pero solo porque ustedes dos no van a dejar de insistir hasta que diga que sí.
Kaider levantó los brazos en señal de victoria.
—¡Sabía que accederías!
—No accedí. Me rindieron.
—Eso es lo mismo.
—No lo es.
—Lo es si lo dices con suficiente confianza.
Sheijuu suspiró, pero no pudo evitar que una pequeña sonrisa se formara en sus labios.
El día del torneo amaneció despejado, con un cielo limpio y un aire fresco que olía a tierra y a hojas secas. La arena de veinte por veinte metros estaba rodeada de vallas de madera de casi un metro de altura, con cuerdas tensas que marcaban los límites. A su alrededor, las gradas improvisadas de troncos y tablones ya comenzaban a llenarse de espectadores: aldeanos de los Nahru, visitantes de otras tribus, y algunos comerciantes que habían aprovechado el evento para intercambiar mercancías.
En una de las esquinas de la arena, una mesa de madera sostenía los premios. Una cesta enorme de comida, suficiente para alimentar a una persona durante una semana; un rollo de pergamino que representaba la posesión de una pequeña franja de tierra y dos ovejas; y una lista de nombres escritos en una tabla de madera: los voluntarios y voluntarias que se ofrecían como "premio" para el ganador. La estatua de madera del campeón, aún sin tallar, esperaba junto a los otros premios.
Sheijuu se colocó junto a los otros participantes, sintiendo el peso de la mirada de los espectadores. Había más de veinte luchadores, algunos de la aldea, otros de tribus vecinas. Algunos llevaban armaduras ligeras de cuero, otros solo ropa de combate, y otros —como Sheijuu— apenas llevaban lo puesto y una espada al cinto.
—¡Escuchen todos! —la voz de Dorhen resonó sobre el murmullo de la multitud. El cazador se había ofrecido como árbitro principal, y llevaba un brazalete rojo que lo distinguía—. Las reglas son simples: combate uno contra uno. El combate termina cuando uno de los dos no puede levantarse en diez segundos, o cuando toca la cuerda límite con alguna parte del cuerpo, o cuando el oponente pide rendirse. Se permite el uso de Escencia, pero no a gran escala. Nada de derribar la arena entera, ¿entendido?
Risas y murmullos recorrieron la multitud. Sheijuu observó a su alrededor, evaluando a los participantes más cercanos. Reconoció a varios de la aldea: Dorhen, que también participaba; Tessho, que se mantenía apartado con su arco; algunos de los jóvenes cazadores; y Shaara, que había insistido en participar aunque nunca había combatido en un torneo antes.
—¿Crees que puedas conmigo? —preguntó una voz femenina a su lado.
Sheijuu se giró. Una mujer joven, de cabello oscuro recogido en una trenza apretada y ropa de viaje desgastada, lo observaba con una sonrisa burlona. Llevaba un cuchillo curvo al cinto y un par de brazaletes de cuero en las muñecas.
—Raiya —dijo Shaara, apareciendo detrás de ella con una sonrisa—. ¿Cuándo llegaste?
—Anoche. Tenía que ver cómo te iba en tu primer torneo. —Raiya la abrazó brevemente, y luego miró a Sheijuu con una ceja levantada—. Así que este es el famoso forastero. No parece tan imponente.
—No lo soy —respondió Sheijuu.
—Eso dijo la última vez, y luego me ganó en dos movimientos —intervino Shaara.
Raiya soltó una risa breve, pero sus ojos se mantuvieron fijos en Sheijuu con una mezcla de curiosidad y evaluación.
—Veremos.
Los combates comenzaron con los luchadores menos experimentados.
El primer combate enfrentó a un joven cazador local llamado Kael contra un luchador de una aldea vecina llamado Boran. Kael era rápido y ágil, moviéndose en círculos alrededor de su oponente mientras Boran, más pesado, giraba para seguirle el ritmo. Kael intentó un ataque directo, pero Boran lo anticipó, desplazó el peso de su cuerpo hacia la izquierda y, con un barrido limpio de su pierna derecha, derribó a Kael de espaldas. La multitud aplaudió. El árbitro contó hasta diez, y Kael no logró levantarse a tiempo. Boran pasó a la siguiente ronda.
El segundo combate enfrentó a Thorne, un herrero de la aldea, contra un joven de nombre Merek. Thorne era robusto, con hombros anchos y brazos marcados por años de trabajo con el martillo. Merek, más delgado y rápido, intentó usar su agilidad para rodearlo. Thorne no se movió mucho; esperó, midió la distancia, y cuando Merek se lanzó hacia él, lo agarró por el brazo y lo proyectó contra la cuerda límite con un movimiento que parecía más de levantamiento de sacos que de combate. El joven tocó la cuerda con la espalda, y Thorne fue declarado ganador.
Después vino Lira, una cazadora joven, contra un luchador de otra aldea llamado Oren. Lira se movía con fluidez, sus manos trazando señas rápidas mientras concentraba Escencia en la palma. Una corriente de agua surgió de una cantimplora que llevaba en el cinto y se extendió como un látigo líquido que golpeó los pies de Oren, haciéndole perder el equilibrio. Oren intentó recuperarse, pero la corriente se enroscó alrededor de su tobillo y lo arrastró hacia la cuerda límite. Lira sonrió, y el público aplaudió.
Sheijuu observaba cada combate con atención, tomando nota de los estilos, las técnicas, las debilidades. No era que quisiera competir, pero su entrenamiento militar le había enseñado que la información siempre era útil.
—¡Siguiente combate! —anunció Dorhen—. ¡Sheijuu contra Raiya!
Sheijuu sintió el peso de todas las miradas. La arena de tierra apisonada estaba lisa, y la luz del sol, ya alta, proyectaba sombras nítidas sobre la valla de madera. Cruzó la cuerda límite y se colocó en su lado del cuadrado, sintiendo el suelo firme bajo sus pies.
Raiya entró con una sonrisa confiada, desenfundando su cuchillo curvo con un movimiento fluido. El metal brilló un instante bajo la luz del sol antes de que ella lo girara en su mano, ajustando el agarre.
—No te lo tomaré a mal si quieres rendirte ahora.
—No pienso rendirme.
—Lástima.
Atacó primero. Rápida, directa, con una estocada que Sheijuu apenas desvió con su espada. El cuchillo curvo pasó cerca de su costado, y Sheijuu sintió el viento del movimiento en la tela de su camisa. Raiya no se detuvo; giró sobre su eje y lanzó una patada baja, apuntando a su rodilla. Sheijuu saltó hacia atrás, pero ella ya estaba sobre él, cambiando el ángulo de su ataque con una fluidez que solo venía de años de práctica.
Sheijuu se movió en círculos, forzándola a girar, y en uno de esos giros, Raiya tropezó ligeramente con una irregularidad del terreno. Sheijuu aprovechó la oportunidad. Se lanzó hacia adelante, su espada trazando un arco que Raiya bloqueó con el cuchillo, pero el impacto la desequilibró un paso más. Ella recuperó el equilibrio rápido, pero Sheijuu ya había cerrado la distancia.
Su espada se detuvo contra su garganta, sin tocarla, pero lo suficientemente cerca para que ella sintiera el filo frío contra su piel.
—Fin —dijo Sheijuu.
Raiya lo miró con una mezcla de sorpresa y respeto, y luego soltó una risa breve.
—No está mal, forastero. No está mal.
Sheijuu retiró la espada y la envainó, sintiendo el alivio del combate terminado. La multitud aplaudió, y Shaara, desde el borde de la arena, le sonrió con aprobación. Raiya, mientras se retiraba, le lanzó una última mirada.
—Aún no estoy convencida. Pero no eres el primero al que tengo que enfrentarme dos veces.
El torneo continuó durante toda la mañana. La arena se llenaba y vaciaba de luchadores en un ciclo constante de expectación y vítores. Sheijuu observó desde el borde mientras Kaider se enfrentaba a Varn, un luchador de una aldea del este que usaba una técnica de tierra para crear pequeñas plataformas que le daban ventaja en altura.
Varn era corpulento, pero se movía con una agilidad sorprendente para su tamaño. Sus manos trazaban señas rápidas, y el suelo bajo sus pies se elevaba en pequeñas columnas de tierra que usaba para saltar y cambiar de ángulo. Kaider, en cambio, era más directo. Atacaba con fuerza bruta, pero no sin estrategia. Sheijuu lo veía moverse, siempre un paso adelante, leyendo los movimientos de Varn antes de que se completaran gracias al estar en la calma fuera del combate.
Varn lanzó una estocada desde una plataforma elevada, pero Kaider se agachó, desvió el golpe y, en el mismo movimiento, giró sobre su eje para golpear a Varn en el costado con su espada plana. Varn retrocedió, perdiendo el equilibrio, y Kaider aprovechó para cerrar la distancia, empujándolo con un placaje contra la cuerda límite.
—¡Ganador: Kaider!
—¡Y así se hace! —gritó Kaider, levantando los brazos en señal de victoria.
—¡Moderación! —le gritó Sheijuu desde la valla.
—¡Eso no está en mi vocabulario!
Shaara también participó en varios combates. Su primer oponente fue una mujer de la aldea vecina llamada Sena, que usaba técnicas de fuego para crear pequeñas llamas en las palmas que proyectaba en ráfagas cortas y controladas. Shaara, en cambio, usaba agua. Era más lenta en el ataque directo, pero más precisa en el control.
Sena lanzó una ráfaga de fuego hacia Shaara, que se agachó y desvió la llamarada con un movimiento de su mano. La arena bajo sus pies se humedeció, y Shaara concentró la Escencia en sus dedos, haciendo que el agua brotara en forma de hilos delgados que se enroscaron alrededor de los tobillos de Sena. Sena intentó saltar, pero no logró desprenderse completamente. El tirón la desequilibró justo cuando Shaara se movía hacia ella.
Un empujón con la palma de la mano, y Sena perdió el equilibrio, cayendo de rodillas. El árbitro contó hasta diez sin que Sena se puediese liberar, atacando desesperadamente los hilos de agua que Shaara seguia recreando hasta que inmovilizo una de sus brazos, y fue declarada ganadora. Su rostro, ligeramente sonrojado por el esfuerzo, mostraba una sonrisa de satisfacción.
—¿Estás bien? —preguntó Sheijuu cuando salió de la arena.
—Estoy bien. Solo que ella era más rápida de lo que esperaba.
—No te vi hacer esa técnica antes.
—No la había usado en un combate real. Es para controlar el agua en espacios pequeños, como hilos que atan sin dañar. —Sonrió—. Pero funcionó.
Sheijuu asintió y volvió a observar los combates.
Otros luchadores también brillaron. Un hombre de mediana edad llamado Orin, de una aldea del norte, usaba técnicas de tierra para crear zanjas y desniveles en la arena, obligando a sus oponentes a moverse constantemente para no caer. Una mujer joven de nombre Mira combinaba técnicas de aire y fuego para crear remolinos de calor que desorientaban a sus rivales. Y un joven cazador llamado Harun usaba su velocidad y agilidad para esquivar ataques y contraatacar con precisión.
Los combates se sucedieron, y Sheijuu avanzó ronda tras ronda. En la segunda ronda, derrotó a un luchador llamado Pavan usando una combinación de viento y movimientos rápidos que lo llevaron al borde de la arena en menos de un minuto. En la tercera, se enfrentó a Lira, la cazadora que usaba agua; ella lanzó un látigo líquido que Sheijuu esquivó, pero en el movimiento Sheijuu libero una impronta, con el brazo extendido en dirección hacia Pavan, una rafaga de viento salio disparada, a solo tres metros su oponente no tuvo tiempo de reaccionar, el viento a presion fue directo al pecho, el impacto la empujó contra la cuerda límite. Pavan se quedo extrañado de como Sheijuu creo una tecnica tan potente en solo un instante, junto con algunos espectadores.
En la cuarta ronda, Sheijuu se enfrentó a Harun, el joven rápido. Harun era veloz, más rápido que Sheijuu en términos puros, pero Sheijuu había aprendido a leer los movimientos de sus oponentes. Esperó hasta que Harun se lanzó en un ataque directo, y en ese momento se agachó y giró, usando la inercia de su oponente para empujarlo hacia fuera de la arena. Harun tropezó, tocó la cuerda con el hombro, y Sheijuu avanzó a la semifinal.
En la semifinal, Sheijuu se enfrentó a Mira, la luchadora que combinaba aire y fuego. Mira creó un remolino de calor que hizo que el aire se volviera denso y la visibilidad se redujera. Sheijuu sintió el calor en la piel y comprendió que no podía enfrentarlo directamente. Usó una ráfaga de viento para dispersar el remolino, y luego, en el momento en que Mira se preparaba para otro ataque, Sheijuu se movió rápido, cerrando la distancia. Un golpe con la empuñadura de la espada en el costado de Mira, y ella cayó de rodillas, sin aliento.
—¡Ganador: Sheijuu!
La multitud aplaudió, y Sheijuu sintió el peso de la mirada de todos. Había llegado a la final.
La final enfrentó a Sheijuu contra Dorhen.
Dorhen entró en la arena con la misma calma con la que se movía en el bosque. No llevaba armadura, solo una camisa ligera y un cuchillo de caza al cinto, pero su postura era relajada, confiada. Sus ojos, sin embargo, estaban alerta, evaluando a Sheijuu como si fuera un ciervo en el bosque.
—Has llegado lejos —dijo Dorhen, con una sonrisa amistosa—. No esperaba verte en la final.
—Tampoco yo.
—¿Preparado?
—No. Pero voy a intentarlo.
Dorhen se rio, una risa corta y sincera, y entonces se movió.
Sheijuu apenas vio el ataque. Dorhen era rápido, mucho más rápido de lo que su tamaño sugería, y su técnica no era espectacular sino práctica: un golpe directo, sin florituras, que Sheijuu apenas desvió a tiempo. Retrocedió, sintiendo el impacto en el brazo, y supo que Dorhen no estaba usando toda su fuerza.
—No te contengas —dijo Sheijuu.
—No me estoy conteniendo. Simplemente estoy midiendo.
Dorhen atacó de nuevo, esta vez con una combinación de golpes y patadas que Sheijuu bloqueó y esquivó, pero que lo forzaron a retroceder hasta la cuerda límite. Sheijuu contraatacó con una ráfaga de viento, pero Dorhen la desvió con un movimiento lateral y cerró la distancia.
Sheijuu usó una técnica de tierra para crear una pequeña elevación en el suelo, tratando de desequilibrar a Dorhen. Dorhen notó el cambio en el terreno y adaptó su postura, pero Sheijuu había ganado el tiempo suficiente para retroceder y respirar.
Dorhen no le dio tregua. Lanzó un ataque directo que Sheijuu bloqueó con su espada, pero la fuerza del impacto hizo que sus brazos vibraran. Sheijuu giró, esquivó un segundo golpe y contraatacó con una patada que Dorhen bloqueó con el antebrazo. Intercambiaron una serie de golpes rápidos, cada uno midiendo la resistencia del otro.
Sheijuu encontró un punto débil en el ritmo de Dorhen: después de un ataque directo, su brazo izquierdo bajaba un centímetro antes de volver a subir. No era una apertura grande, pero era suficiente. Sheijuu esperó el siguiente ataque directo y, justo después del golpe, atacó hacia el costado izquierdo de Dorhen.
La punta de su espada tocó la camisa de Dorhen, justo donde el brazo se había bajado. Dorhen retrocedió, sorprendido, y Sheijuu avanzó para seguir la ventaja. Pero Dorhen se recuperó rápido, y en lugar de retroceder más, se movió hacia un lado, cambiando el ángulo del combate.
Dorhen lanzó un ataque que Sheijuu anticipó y esquivó, pero cuando Sheijuu se movió para contraatacar, Dorhen ya había cambiado de dirección. El golpe lo alcanzó en el costado, y Sheijuu sintió el impacto en los huesos antes de que el suelo se elevara para encontrarlo.
Cayó sobre la tierra apisonada, y el árbitro comenzó la cuenta.
—¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!...
Sheijuu intentó levantarse, pero el dolor en el costado le impedía moverse con rapidez. La respiración se le cortó, y sintió el peso de la arena bajo su espalda.
—...¡Cuatro! ¡Cinco!...
Logró ponerse de rodillas. El rostro de Dorhen, desde arriba, se veía sereno, pero sus ojos seguían alerta. Sheijuu sabía que Dorhen no había usado toda su fuerza, que había contenido su poder para que el combate fuera una prueba, no una masacre.
—...¡Seis! ¡Siete!...
Sheijuu apoyó una mano en el suelo, sintiendo la tierra apisonada bajo sus dedos. El dolor era real, pero también lo era la sensación de haber llegado hasta allí.
—...¡Ocho! ¡Nueve!...
Se incorporó lentamente, apoyándose en una rodilla. Dorhen lo observó, sin moverse, y luego le ofreció una mano.
—Buen combate —dijo Dorhen—. Has mejorado mucho desde que llegaste.
Sheijuu lo miró, y durante un instante, sintió el impulso de seguir peleando. Pero el dolor era real, y Dorhen había sido más rápido.
—Tú también —respondió finalmente, aceptando la mano.
Dorhen lo ayudó a levantarse, y la multitud estalló en aplausos. Sheijuu vio a Shaara en las gradas, sonriendo con orgullo, y a Kaider, que levantaba los brazos en señal de celebración.
—¡Eso fue increíble! —gritó Kaider—. ¡Casi le ganas!
—Casi no es suficiente.
—Pero casi es mejor que nada.
Dorhen recibió los premios: la cesta de comida, el rollo de tierra y ovejas, y la tabla de nombres de los voluntarios. Sheijuu observó mientras Dorhen recorría la lista con los dedos, y notó que se detenía en un nombre antes de mirar hacia las gradas.
Una mujer de pelo castaño, de unos treinta años, con mejillas sonrojadas, levantó la mano cuando Dorhen la miró. Era una de las voluntarias, y Sheijuu la reconoció como una de las mujeres que trabajaban en el huerto de la aldea.
—Esa es Elara —dijo Shaara, apareciendo a su lado—. Ha sido voluntaria en los últimos tres torneos. Creo que siempre ha esperado que Dorhen la eligiera.
—¿Y él nunca la había elegido?
—No. Pero parece que este año sí.
Dorhen se acercó a la mujer, y ambos intercambiaron unas palabras que Sheijuu no pudo escuchar. Luego, Dorhen le ofreció el brazo, y ella lo aceptó con una sonrisa.
La celebración continuó hasta bien entrada la noche, con música, comida y bebida. Sheijuu observó desde el borde de la plaza mientras Dorhen y Elara bailaban juntos, y notó que los demás aldeanos los observaban con sonrisas cómplices.
—¿Crees que durarán? —preguntó Kaider, apareciendo con una jarra en la mano.
—No lo sé. Pero parece que ella lo ha estado esperando durante años.
—Eso es lo que hace que sea especial.
Kaider bebió un trago largo y luego miró a Sheijuu con una sonrisa.
—Oye, ¿tú también te presentaste como premio?
—No.
—¿Por qué no?
—Porque no quiero ser un premio.
—Qué aburrido.
Sheijuu no respondió, pero una pequeña sonrisa se formó en sus labios.
Al día siguiente, Sheijuu se despertó temprano y salió a entrenar, como siempre. Pero al pasar por la casa de Dorhen, encontró una escena que lo hizo detenerse.
Elara salía de la casa con pasos lentos y cuidadosos, apoyándose en el marco de la puerta. Su pelo estaba despeinado, y llevaba una capa que no combinaba con el resto de su ropa, como si la hubiera tomado prestada. Dorhen apareció detrás de ella, con una sonrisa de satisfacción, y le ofreció su brazo.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Dorhen, con un tono que Sheijuu no le había escuchado antes.
—No me mires —respondió Elara, con las mejillas sonrojadas—. Esto es culpa tuya.
—Yo solo cumplí con mi premio.
—¡Dorhen!
Sheijuu se quedó mirando la escena, y entonces comprendió. La forma en que Elara caminaba con dificultad, el cuidado con que se movía, la sonrisa de Dorhen. No pudo evitar que una risa escapara de sus labios, una risa genuina que no había sentido en mucho tiempo.
Dorhen lo vio y le lanzó una mirada de advertencia, pero Sheijuu ya estaba riendo demasiado.
—¿Qué? —preguntó Dorhen, fingiendo inocencia.
—Nada. Nada en absoluto.
—No te rías.
—No me estoy riendo.
—Sí te estás riendo.
—Es solo una sonrisa.
Dorhen suspiró, pero no pudo evitar sonreír. Sheijuu se dio la vuelta y continuó su camino hacia el río, pero la imagen de Elara caminando con dificultad se quedó con él durante todo el día.
Cuando se encontró con Shaara junto al río, ella lo miró con una ceja levantada.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—Estás sonriendo.
—¿Y eso es malo?
—No. Solo que no es habitual.
Shaara lo observó con atención, como si buscara alguna pista en su rostro.
—¿Que paso?
—¿No has visto a Elara?
—No.
—Bueno, la vi hace unos minutos, antes de venir acá...
Sheijuu guardó silencio un momento, y luego, casi sin querer, volvió a sonreír.
—Dorhen dio la talla.
Shaara soltó una carcajada que resonó sobre el agua del río, y por un momento, el mundo se sintió ligero.
**Fin del Extra 7**