# Capítulo 11
## El nombre de lo que viene
Pequeñas gotas golpeaban las piedras. El lago. El cadáver del halcón. Y el rostro inmóvil de Sheijuu.
—Al fin despertaste.
La voz volvió a sonar. Profunda. Antigua. Como si hubiera recorrido miles de kilómetros antes de llegar a sus oídos. Sheijuu se puso de pie de golpe. Instintivamente llevó la mano a la espada.
—¿Quién está ahí?
Silencio. Miró alrededor. No había nadie. Solo el lago, la lluvia, y la silueta del halcón muerto, sus plumas empapadas formando una masa oscura y húmeda sobre la orilla. El viento movía las hojas de los árboles cercanos, y el agua del lago, antes tan quieta, ahora se rizaba con pequeñas ondas que la lluvia dibujaba sobre su superficie.
—No mires afuera.
La voz volvió.
—Estoy dentro.
Sheijuu sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Dentro de qué?
—De ti.
El silencio volvió a caer. Durante varios segundos ninguno habló. Finalmente Sheijuu dijo:
—Me golpeé demasiado fuerte.
—Esa reacción es bastante común, supongo.
—Estoy delirando.
—No.
—Estoy muerto.
—Tampoco.
—Entonces explícate.
La voz guardó silencio unos segundos. Como si estuviera organizando ideas, o quizás decidiendo por dónde empezar algo que llevaba mil años sin tener que contarle a nadie.
—Mi nombre es Majull.
Algo recorrió la espalda de Sheijuu. Recordó la historia. La leyenda. El Guardián. El ser del que había hablado el anciano. El nombre que había escuchado en la cima de la montaña, cuando el viento soplaba con fuerza y la sombra del pilar cubría el horizonte. Pero eso era solo una historia. Un cuento para asustar a los niños. No podía ser real.
—Eso es imposible.
—Lo sé.
—Las historias son cuentos.
—Cuando se distorsionan, sí. Pero las historias estaban basadas en mí.
Sheijuu negó con la cabeza. No era posible. No podía ser posible. Todo aquello —la caída, las heridas, la voz en su cabeza— tenía que tener una explicación racional, algo que su mente pudiera procesar sin romperse. Pero mientras más pensaba, menos respuestas encontraba. Se quedó mirando sus propias manos. No había heridas. Ni un rasguño. Como si nunca hubiera caído.
—¿Cómo es posible que estés dentro de mí?
—No fue algo que yo eligiera. Cuando caíste al lago, tu cuerpo ya estaba destrozado. Tus heridas eran mortales. No habrías sobrevivido. Mi cuerpo reaccionó por instinto. Te devoré sin pensar, y cuando tu Escencia y la mía entraron en contacto, ocurrió una fusión. No fue planeada. Fue un error. Un error que me está costando todo lo que soy. —dijo todo eso no sin soltar un pequeño suspiro al final.
—No entiendo.
—La Escencia humana y la mía no deberían mezclarse. Fue mi creador quien me lo advirtió. Pero cuando caíste, tu mano tocó mi interior sin que pudiera evitarlo, y la fusión comenzó. No te absorbi yo a ti. Tú me absorbiste a mí. Todo lo que soy, se está vertiendo en ti en este momento.
If you find this story on Amazon, be aware that it has been stolen. Please report the infringement.
—¿Y tú? ¿Qué pasa contigo?
—Estoy desapareciendo. No por completo, no aún. Pero lo que soy se está convirtiendo en lo que tú eres. Y dentro de poco, no habrá separación entre nosotros. Seremos una sola cosa.
Sheijuu se quedó en silencio un largo momento. La lluvia seguía cayendo, cada gota fría contra su piel. El viento, antes un rumor suave, ahora parecía un susurro que lo envolvía todo.
—¿Qué pasó con el halcón? —preguntó finalmente, señalando el cadáver que yacía a unos metros.
—¿El halcón? Ah, pues no lo sé, yo lo veo bien muerto. ¿Qué tiene que ver?
Sheijuu miro hacía abajo un momento.
—Pues tienes razon. Estoy algo mareado.
—Tranquilo, es normal. Supongo... —dijo Majull apagando de a poco su voz.
Sheijuu sintió una mezcla de alivio y de miedo. El halcón había muerto. Eso significaba que no lo perseguiría.
—¿Y ahora qué? ¿Qué soy yo ahora?
—Todavía eres humano. Pero la fusión te ha cambiado. Tus heridas sanaron porque mi Escencia está reconstruyendo tu cuerpo. Tienes más fuerza de la que tenías antes, y más capacidad para usar la Escencia. Pero todavía eres tú. Aunque no sé por cuánto tiempo seguirás siéndolo.
—¿Y si no quiero esto?
—No es algo que puedas elegir. Ya ocurrió.
Sheijuu sintió una ira fría que se extendía por su pecho. No era justo. No había pedido nada de eso. No había querido caer al lago, no había querido ser devorado por una criatura legendaria, no había querido que su cuerpo se transformara sin su permiso. Pero la rabia no cambió nada. La voz seguía allí, y su cuerpo seguía siendo el mismo, aunque diferente. Sheijuu apretó los puños, sintiendo la tensión en los dedos. Luego, sin saber por qué, se levantó y caminó hacia la orilla del lago. El agua, quieta bajo la lluvia, reflejaba su rostro. Se agachó y miró su propio reflejo.
Y entonces lo vio. Por primera vez, vio el cambio. Sus ojos, siempre negros, ahora tenían una fina grieta de luz pálida cruzando el iris. Como una fisura en un cristal muy fino. Casi imperceptible si no se la buscaba, pero ahí estaba, cambiando con cada parpadeo, como si algo respirara debajo de la superficie. Sheijuu se quedó mirando su reflejo un largo rato, sintiendo el peso de la mirada de Majull en su mente. La grieta se movía ligeramente, como si estuviera viva, y el color parecía cambiar de tono cuando la luz se reflejaba en el agua.
—¿Qué me has hecho? —susurró, sin levantar la vista.
—No te he hecho nada.
Sheijuu guardó silencio un momento. Sus dedos rozaron el borde de sus ojos, sintiendo la piel intacta, pero sabiendo que algo había cambiado dentro de él.
—¿Por qué me salvaste?
—No fue una elección. Fue un instinto. Llevo mil años protegiendo este lugar, y mi cuerpo reaccionó como siempre ha reaccionado ante una amenaza. Pero no sabía que eras humano. No sabía que la fusión ocurriría.
—Y si pudieras elegir ahora, ¿lo harías?
La voz de Majull guardó silencio. Luego, más baja que antes:
—No lo sé. Quizás no. Pero no puedo cambiar lo que pasó.
Sheijuu se quedó mirando el agua un rato más. La lluvia seguía cayendo, y el reflejo de sus ojos seguía mostrando aquella grieta de luz pálida, como una pequeña herida en el centro de su pupila. Por un momento, sintió que todo su mundo se desmoronaba, que nada de lo que sabía era cierto. Pero también sintió que no podía quedarse allí para siempre.
—¿Qué se supone que haga ahora? —preguntó finalmente.
—Eso lo decides tú. Yo solo puedo decirte lo que sé de lo que está pasando. El resto es cosa tuya.
Sheijuu se puso de pie, sintiendo el peso de la katana en su cintura, la lluvia en su rostro, y la voz de Majull en su mente. La presencia de la criatura era extraña, como un eco que no se iba, como una sombra que no podía sacudirse.
—Entonces dime una cosa, Majull. ¿Qué fue eso que vi en el horizonte? ¿El pilar?
La voz guardó silencio más tiempo del que Sheijuu esperaba. Cuando finalmente respondió, su tono era diferente. Más pesado. Más grave.
—Eso no es algo que pueda explicarte ahora. No sin que entiendas primero lo que realmente está pasando en este mundo.
—¿Y qué está pasando?
—Un final. O un principio. Todavía no lo sé.
Sheijuu apretó la mandíbula. La confusión se mezclaba en su pecho, pero también había algo más: una chispa de determinación que no esperaba encontrar. No entendía lo que estaba pasando. No entendía quién era Majull realmente, ni qué significaba la fusión, ni qué era el pilar. Pero sabía que no podía huir. No podía simplemente alejarse y fingir que nada había ocurrido. Apretó los puños y sintió la tensión en los músculos, la misma que sentía antes de una batalla.
—Entonces dime qué hacer, Majull. Dime qué se supone que haga.
—Primero, debes volver con los demás. Tu gente te está esperando. Tu hermano, Shaara, los exploradores. Necesitan saber que estás vivo. Después, tendremos que hablar de lo que viste en el horizonte, y de lo que significa para este mundo. Y quizás, si tienes el valor suficiente, empezar a prepararte para lo que viene.
—¿Y qué viene?
—Todavía no lo sé con certeza. Pero sé que será más grande de lo que puedes imaginar, y que no tendrás tiempo para asimilarlo si no empiezas a moverte ahora.
Sheijuu miró el lago, el halcón muerto, el cielo gris. Luego se limpió el rostro con el dorso de la mano, sintiendo el agua fría en la piel.
—Dime por dónde ir.
—Hacia el norte. Y Sheijuu...
—¿Qué?
—Sea lo que sea que encuentres al llegar, no vas a poder deshacerlo. Prepárate para eso también.
No respondió. Simplemente empezó a caminar. Y mientras sus botas se hundían en la tierra húmeda, sintió el peso de la espada en su cintura y la voz de Majull en su mente, sin saber que no estaba preparado para el final.
**Fin del Capítulo 11.**