# Capítulo 12
## El regreso
La lluvia continuó cayendo durante horas.
Sheijuu caminaba. Sin rumbo al principio. Guiado únicamente por las indicaciones de Majull.
—Hacia el norte otra vez.
—¿Seguro?
—Llevo viviendo aquí más de mil años.
—Eso no significa que tengas sentido de la orientación.
—Tienes razón. Pero en este caso sí lo tengo.
A pesar de la situación. A pesar de las revelaciones. A pesar del miedo. Aquella conversación absurda logró arrancarle una pequeña sonrisa. Majull lo notó, pero no dijo nada.
Caminaron —o más bien, Sheijuu caminaba mientras Majull hablaba desde algún lugar que ya no tenía forma de cuerpo— durante buena parte de la mañana. La lluvia amainó poco a poco, hasta quedar en una llovizna fina que apenas se sintió. El olor a tierra mojada ya hojas empapadas llenaba el aire, y el sonido del agua goteando desde las ramas altas era el único ruido que rompía el silencio del bosque.
Sheijuu aprovechó el silencio entre indicaciones para hacer las preguntas que llevaba horas acumulando.
—¿Duele? Lo que te está pasando.
Majull tardó en responder.
—No de la forma en que tú entiendes el dolor.
—¿Entonces cómo?
—Como perder algo despacio, sabiendo exactamente cuánto te queda cada vez que lo compruebas.
Sheijuu no supo qué decir a eso. Siguió caminando en silencio un rato más. La llovizna se convertía en pequeñas gotas que se deslizaban por su rostro y se mezclaban con el sudor de la caminata.
—Lo siento —dijo finalmente.
—No lo sientas. Elegí protegerlos hace tiempo. Esto es, de cierto modo, una forma de mantener mi promesa.
Mientras avanzaba, empezó a notar cambios. Pequeños al principio. Su cuerpo era más ligero. Más fuerte. Las heridas de la caída habían desaparecido por completo. No quedaron cicatrices. Ni dolor. Ni rastros de daño. Nada. Aquello era imposible. Y ambos lo sabían.
—Tu cuerpo está adaptándose —explicó Majull.
—¿A qué exactamente?
—A mí.
Sheijuu no estaba seguro de que aquello fuera tranquilizador. Pero mientras más caminaba, más notaba que algo era diferente. La luz del sol que se filtraba entre las nubes parecían más claras, como si sus ojos hubieran aprendido a distinguir matices que antes pasaban desapercibidos. El olor del bosque era más intenso, y podía percibir la humedad en el aire, el musgo en las piedras, la resina de los árboles, todo al mismo tiempo. Como si el mundo hubiera ganado una capa de detalles que antes no existía.
Horas después llegó a un río. Y fue entonces cuando descubrió el segundo cambio.
Porque escuché algo. Algo diminuto. Un sonido débil. Casi imperceptible. Miró hacia unos arbustos. Y vio un conejo. Más de doscientos metros. Podía escuchar sus movimientos. Su respiración. Incluso los latidos acelerados de su corazón. El sonido era tan nítido que parecía venir de al lado, no de la distancia.
Sheijuu se quedó inmóvil, sin saber muy bien qué hacer con esa información. Cerró los ojos un momento, intentando concentrarse en otros sonidos, y descubrió que podía elegir: enfocarse en el conejo, en el agua del río, en el viento entre las hojas más altas, en un insecto caminando sobre la corteza de un árbol a su espalda. Cada uno llegaba con una claridad que no tenía sentido.
—Eso tampoco es normal.
—No —respondió Majull—. Ya no eres normal.
—¿Hasta dónde llega esto?
—No lo sé todavía. Y eso, para serte sincero, también me preocupa un poco a mí.
Sheijuu no dijo nada. Se quedó mirando sus manos, como si esperara ver algo diferente. Pero solo eran sus manos, las mismas de siempre. Aunque algo en ellas se sentía distinto. Más ligero. Más rápido. Como si los músculos respondieran antes de que él terminara de pensar en moverlos.
Aquella misma tarde encontró la primera pista. Un trozo de tela, enganchado en una rama baja. Pertenecía a uno de los exploradores. Después encontró huellas, frescas, marcadas en el barro. Después restos de una fogata todavía tibia, señal de que no habían pasado más de un par de horas por ahí.
Y finalmente, al caer la noche, escuchó voces.
Personas. El grupo. El corazón le dio un vuelco al reconocer, entre las voces, la de Kaider discutiendo con alguien sobre quien debería salir ahora. La voz de su hermano era inconfundible, incluso a la distancia, incluso con el rumor del bosque de fondo.
—No podemos dejar de buscar. —La voz de Kaider por lo alto.
—No lo haremos, pero viste lo que paso en la madrugada. —respondió el anciano. Señalando a uno de los exploradores que ahora tiene una venda tapando una cortada semiprofunda en el pie.
—El sabe lo que hace, de noche no va a estar moviendose sin poder ver. —Uno de los cazadores responde, tratando de sonar tranquilo.
—¡Mierda! —Kaider, mientras golpeaba con un tic nervioso su zapato derecho contra el suelo.
Cuando apareció entre los árboles, todos reaccionaron inmediatamente.
Kaider fue el primero.
—¡SHEIJUU!
Corrió hacia él. Tan rápido que casi lo derribó.
—¡Idiota!
—Hola Kaider.
—¡Desapareciste tres días!
—¿Tres?
—¡Tres!
Sheijuu parpadeó. Había jurado que solo había pasado unas horas. Pero el cielo era el mismo, y la luz de la tarde tenía un tono distinto, como si el tiempo hubiera pasado sin que él lo notara. Majull no dijo nada, lo cual significaba que probablemente tampoco lo sabía.
Kaider lo sujetó por los hombros, examinándolo de arriba abajo con una mezcla de alivio y sospecha que Sheijuu conocía bien: era la misma expresión que ponía cuando algo no le cerraba del todo, pero prefería no preguntar todavía.
—Estás... diferente.
—Caí de un halcón gigante a un lago. Es normal que esté un poco diferente.
—¡¿Te solto en un lago?!
—Yo no lo llamaria soltar...
—Bueno da igual, no me refiero a eso.
Kaider entrecerró los ojos, y entonces se fijó en algo que no había visto al principio. Se inclinó ligeramente hacia adelante, observando los ojos de Sheijuu con una atención que no tenía nada de bromista.
—¿Qué te pasó en los ojos?
Sheijuu parpadeó, confundido.
—¿Qué?
—Tienes una raya rara en el ojo. Como una grieta.
Sheijuu se llevó la mano al rostro, tocando el borde de su párpado. Recordó el reflejo en el lago, aquella fina línea de luz pálida que cruzaba su iris. No había tenido tiempo de pensar en ello desde entonces. No había sabido cómo procesarlo.
—Debe ser el impacto —dijo, con la voz más firme de lo que se sentía—. El golpe contra el agua. Quizás se me reventaron algunos vasos. No es nada.
Kaider lo miró un momento más, sin decir nada. No parecía convencido del todo, pero tampoco insistió. Algo en su expresión sugería que sabía que su hermano no le estaba contando toda la verdad, pero que no era el momento para presionar.
Shaara apareció unos segundos después. No corrió. No gritó. Simplemente caminó hasta él, con los brazos cruzados y una expresión que Sheijuu no supo leer del todo. Sus ojos recorrieron su rostro, sus hombros, sus manos, como si estuviera buscando algo que no encontraba.
—Tres días, Sheijuu —dijo, con la voz más baja que de costumbre—. Tres días pensando que estabas muerto en algún barranco. —Hizo una pausa, y luego, casi como si no pudiera evitarlo—. ¿Estás bien?
Sheijuu asintió, sintiendo el peso de la mirada de ella sobre él.
—Estoy bien.
Ella lo observó un momento más, como si no terminara de creérselo del todo, pero luego asintió y dio un paso atrás.
—Está bien —dijo, y no añadió nada más.
Sheijuu contó a todos lo que había pasado. Sin mencionar a Majull. Dijo que había caído al lago y había logrado salir nadando, que el halcón había muerto por sus heridas, que había caminado todo el día hasta encontrar el rastro del grupo. No era una mentira completa, pero sí una omisión cuidadosa. Y mientras hablaba, sintió el peso de la voz de Majull en su mente, en silencio, observando.
—Caer de esa forma desde esa altura —dijo el anciano, moviendo la cabeza con incredulidad—. Es un milagro que estés vivo.
—Cuando caí al lago —respondió Sheijuu—, el agua amortiguó el golpe. Y los peces me ayudaron a salir. Bueno, el agua. No los peces.
—¿Te dan miedo los peces grandes? —preguntó Kaider, con una sonrisa que apenas ocultaba el alivio.
—Un poco, en su terreno.
—¿Y esos peces no están controlados? —preguntó uno de los exploradores que estaba haciendo guardia.
—No lo sé. Pero estaban moviéndose.
El resto de la conversación siguió por esa dirección, con los exploradores calculando en voz alta si podrían incluir peces en su dieta, ya que llevaban semanas sin probar carne fresca. Kaider aprovechó para seguir examinando y molestando a Sheijuu con cada detalle de la historia, mientras Shaara se quedaba cerca de él sin decir mucho, escuchando más de lo que participaba.
Aquella noche, desde que ocurrió el accidente, Sheijuu durmió. O al menos lo intentó.
Porque Majull seguía hablando.
—¿Siempre eres tan callado?
—Sí.
—¿Y ella?
—¿Ella quién?
—Shaara.
Sheijuu permaneció en silencio.
—Ah —dijo Majull.
—¿Qué?
—Ya entendí.
—¿Entendiste qué?
—Nada.
—Majull.
—Nada.
Y por primera vez, el antiguo guardián parecía divertido. Majull ya sabía lo de Sheijuu y Shaara, pero estaba molestando a Adrede.
Sheijuu no dijo más nada, pero tampoco pudo volver a dormirse esa noche. Se quedó mirando el techo de la tienda improvisada, sintiendo la presencia de Majull en su mente y el.
**Fin del Capítulo 12.**