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Sheijuu. [Español]

Chapter 21 / 37

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Capitulo 14: Entre un punto y otro.

Sheijuu. [Español]

# Capítulo 14

## Entre un punto y otro

El silencio reinó durante varios segundos.

Nadie se movió. Nadie respiró. El Primordial observaba a Sheijuu. Nada más. Era como si el resto del grupo hubiera dejado de existir. Sus ojos blancos permanecían fijos en los de Sheijuu, y en ellos no había emoción, ni curiosidad, ni odio.

—No debería ser posible.

Sheijuu no entendía de qué hablaba. Pero Majull sí. Y el guardián estaba aterrado.

—No.

Susurró dentro de la mente de Sheijuu.

—¿Qué ocurre?

—No lo entiende todavía.

—¿Quién?

—Él.

—¿Entender qué, Majull? ¡Dime algo!

—No hay tiempo. Escúchame: pase lo que pase, no lo mires a los ojos más de lo necesario, y no uses nada de lo que tienes todavía. No sabes controlarlo. Podrías hacer más daño que bien.

El Primordial inclinó ligeramente la cabeza. Como si estuviera intentando resolver un rompecabezas. Entonces dio un paso adelante. Solo uno. Y el suelo se hundió. Una onda de choque atravesó las rocas. Los árboles cercanos se quebraron. Y todos retrocedieron instintivamente.

El anciano reaccionó primero. Quizás porque era el único que comprendía realmente el peligro, o quizás porque llevaba toda una vida entrenándose para reaccionar antes de pensar. Trazó varias señas en secuencia. Rápidamente. Una técnica de agua surgió desde una cantimplora que llevaba colgada al cinturón. Una lanza líquida salió disparada hacia el Primordial. Era una técnica impresionante. Para cualquier estándar humano.

El Primordial ni siquiera la miró. La lanza desapareció en vapor. Simplemente desapareció. Como si nunca hubiera existido. Nadie comprendió qué acababa de pasar. Y entonces, el Primordial levantó un dedo. Solo uno. El aire se deformó. Algo invisible atravesó la distancia. Y el pecho del anciano explotó. Una lluvia de sangre cubrió las piedras. El anciano cayó. Muerto antes de tocar el suelo.

Nadie gritó todavía. El shock llegó antes que el sonido, un instante suspendido donde ningún cuerpo terminaba de creer lo que acababan de presenciar. Uno de los exploradores dio un paso atrás sin darse cuenta, tropezando con su propio pie. Otro se quedó mirando el cuerpo del anciano como si esperara que se levantara, que aquello fuera un error, una ilusión.

No lo era.

Shaara gritó. Kaider dio un paso adelante. Los exploradores reaccionaron. Demasiado tarde. El Primordial ya se había movido. O al menos eso parecía. Porque ninguno lo vio desplazarse. Simplemente apareció entre ellos. Una mano atravesó el abdomen de uno de los exploradores. Un segundo después, otro perdió la cabeza. Después otro perdió todo lo que había desde su mentón hasta su frente. Y otro. Y otro. Todo ocurrió tan rápido que los cuerpos tardaron varios segundos en caer, como si incluso la gravedad necesitara un instante para asimilar lo que acababa de suceder. La sangre comenzó a empapar el suelo.

Sheijuu permanecía inmóvil. No porque quisiera. Porque no podía hacer otra cosa. Su mente intentaba seguir lo que ocurría. Pero aquella velocidad superaba todo lo que conocía. Reconocía dos de esos rostros. Había compartido comida con uno de ellos apenas dos horas atrás. El otro le había enseñado, entre risas, a distinguir un hongo comestible de uno que no lo era. Ahora ambos eran parte del suelo.

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—¡CORRE! —La voz de Majull rugió dentro de su cabeza—. ¡NO PUEDES GANAR! ¡ES DEMASIADO RÁPIDO!

Kaider intentó atacar. Desenvainó la espada. Y durante una fracción de segundo, Sheijuu pudo ver todos los posibles movimientos de Kaider, pero no podía ver nada en el Primordial. Avanzó. Aunque supiera que iba a perder.

—¡Kaider, no! —el grito de Sheijuu se le atoró en la garganta antes de salir completo, transformándose en algo ininteligible.

El Primordial lo observó acercarse. Y entonces movió una mano. Nada más. Kaider salió despedido. Como si hubiera sido golpeado por una montaña. Atravesó varios árboles. Y desapareció entre la vegetación. Inconsciente. Tal vez muerto. Sheijuu no pudo saberlo.

—¡KAIDER! —el grito le desgarró la garganta, algo animal y desesperado que no reconoció como propio hasta que ya había salido de su boca.

Sus piernas quisieron moverse hacia la vegetación, hacia donde había desaparecido su hermano, pero algo más fuerte que el miedo lo mantuvo clavado en el sitio: la certeza de que un paso más en cualquier dirección terminaría igual. Pensó en gritar de nuevo su nombre, pero temió que el silencio que le respondiera fuera aún peor que el primero. La sangre le latía en los oídos, y el mundo parecía haberse vuelto más lento, más borroso, menos real. Pero no había respuesta desde la vegetación donde su hermano había desaparecido. Ni un quejido. Ni un movimiento. Solo el crujido lejano de una rama que terminaba de caer.

Algo dentro de él se quebró en ese instante, algo que no tenía nombre todavía, una mezcla de terror y una rabia que jamás había sentido con esa intensidad. Shaara apareció delante de Sheijuu. Porque él no se movía. Protegiéndolo. A pesar del miedo. A pesar de la diferencia de poder. Ella seguía allí, con los brazos extendidos como si su cuerpo, tan frágil comparado con lo que tenían delante, pudiera detener algo así.

—Corre.

Le dijo.

—¿Qué?

—Muévete.

—No.

—¡Corre!

Sheijuu apretó los dientes. No quería. No podía. Pero tampoco podía luchar. No contra aquello. El Primordial observó la escena. Parecía aburrido. Como si estuviera esperando algo. Como si estuviera comprobando una teoría. Y entonces el suelo se resquebrajó bajo los pies de Sheijuu. Zarcillos de cristal negro, delgados como agujas, comenzaron a crecer desde la grieta. Perfectamente rectos. Afilados en la punta. El Primordial desapareció. Y reapareció delante de Sheijuu. Dejando una estela de polvo por donde pasó, junto con un estruendo. Hirió a Shaara por simplemente pasar cerca, un corte profundo en el costado que la hizo caer de rodillas con un grito ahogado.

Esta vez sí logró verlo cuando se movía. Por un instante. Por una milésima de segundo. Y aun así fue demasiado lento. Los zarcillos atravesaron su brazo derecho. Luego el izquierdo. Después una pierna. Y la otra. La sangre salpicó las rocas. El dolor fue insoportable, un dolor que le arrancó el aire de los pulmones antes de que pudiera siquiera gritar. Sheijuu cayó de rodillas. Inmovilizado. Completamente inmovilizado. Intentó moverse. No pudo. Intentó usar Escencia. Tampoco.

Cada intento de reunir Escencia se apagaba antes de tomar forma, como una chispa ahogada en agua. El dolor no cedía. Al contrario, parecía crecer con cada segundo que los zarcillos permanecían clavados en su carne, un ardor frío que le subía por los brazos hasta la nuca. Intentó fijar la vista en algo, en cualquier cosa que no fuera el rostro del Primordial, pero no había dónde mirar que no doliera igual.

Majull ya no gritaba. Su voz se había apagado hasta convertirse en un murmullo apenas audible, repitiendo algo que Sheijuu no lograba entender del todo. Tal vez ni siquiera eran palabras. Tal vez era solo miedo, tomando la única forma que Majull sabía darle.

—¿Qué eres? —preguntó el Primordial. Sus ojos estudiaban a Sheijuu. Como un científico observando algo insólito. Algo que no debería existir. Más zarcillos de cristal emergieron del suelo, más gruesos esta vez, casi como ramas. Blancos, translúcidos. Retorcidos entre sí. Se enroscaron alrededor del cuerpo de Sheijuu. Sujetándolo. Levantándolo. Dejándolo suspendido. Incapaz de escapar.

El Primordial se acercó lentamente. Muy lentamente. Hasta quedar frente a frente con él. Apenas unos centímetros de distancia. Sheijuu podía sentir el frío que desprendía aquel cuerpo, un frío que no tenía nada que ver con la temperatura del aire. Y entonces le abrió uno de los párpados con los dedos. Observando la fina grieta de luz que le cruzaba el iris. Analizándolo. Estudiándolo, con la misma calma con la que un coleccionista examina una pieza rara que no esperaba encontrar en un lugar como aquel.

El silencio duró varios segundos. Y luego la expresión del Primordial cambió. Pareció sorprendido.

—Es algo desconcertante —susurró. Luego sonrió. Una sonrisa fría. Vacía. Y pronunció las palabras que cambiarían el destino de Sheijuu para siempre.

—Te encontré.

**Fin del Capítulo 14.**

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