# Capítulo 15
## La dimensión vacía
—Te encontré.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire. Sheijuu no entendía el significado. Pero el tono del Primordial le produjo una inquietud profunda, un escalofrío que recorrió su espalda a pesar del dolor.
—¿Qué significa...?
Su voz salió débil, apenas un hilo. Las palabras le costaban. Cada sílaba era un esfuerzo que le arrancaba aire de los pulmones. Los zarcillos de cristal atravesaban sus brazos, perforando músculo y hueso, y cada movimiento, cada respiración, cada intento de hablar, hacía que las astillas de cristal rozaran contra su carne de una forma que no debería ser posible sin desgarrarlo todo.
El Primordial no respondió. Simplemente lo observaba, con aquellos ojos blancos que no parpadeaban, como si estuviera esperando algo.
Silencio.
Entonces Majull habló en su mente.
—No importa ahora.
—Claro que importa.
Sheijuu apenas pudo formar las palabras. Su mandíbula estaba tensa, los dientes apretados contra el dolor. Cada sílaba era un esfuerzo.
—No. Porque si seguimos aquí todos moriremos.
El Primordial levantó una mano. El espacio se deformó. La realidad se dobló. Sheijuu sintió que caía. Pero no había gravedad. Sintió que avanzaba. Pero no había dirección. Sintió que el tiempo se movía. Pero tampoco estaba seguro.
Solo una idea se aferró a su mente con la fuerza de la desesperación: Shaara. Había estado detrás de él. Y ahora no la veía por ningún lado.
Quiso gritar su nombre. Intentó. Pero el sonido que salió de su garganta fue apenas un ronco balbuceo. El dolor en los brazos, en los hombros, en todo su cuerpo, le impedía articular correctamente. Las palabras se le atascaban en la garganta, ahogadas por el esfuerzo de mantener la conciencia.
Y entonces todo se estabilizó.
Sheijuu abrió los ojos. Seguía inmovilizado. Seguía atravesado por los zarcillos. Pero ya no estaban en Sadoku.
El horizonte era infinito. No había árboles. No había montañas. No había ríos. No había vida. Solo roca gris, extendiéndose hasta donde alcanzaba la vista. Una llanura interminable. Desierta. Silenciosa. Muerta. La luz era plana, sin sombras ni origen, y el silencio era tan absoluto que el sonido de su propio pulso parecía un eco lejano. No había viento. No había sonido de ningún tipo. Cada inhalación era un esfuerzo.
El Primordial estaba frente a él. Unos metros más atrás, Shaara. También había sido arrastrada. El alivio de verla duró apenas un segundo, porque su postura estaba mal. De rodillas. Respirando con dificultad. La herida en el costado seguía sangrando, formando un charco oscuro sobre la roca gris.
—¿Shaara...?
Su voz era apenas un susurro ronco. El dolor le apretaba la garganta. Cada palabra le costaba un esfuerzo que sentía en los huesos.
Ella levantó la vista. Intentó sonreír. No lo consiguió del todo.
—Sigo aquí.
Los brazos le temblaban, y Sheijuu sintió que el miedo se le clavaba en el pecho como otro zarcillo.
—¿Dónde estamos?
El Primordial respondió, su voz extraña en aquel silencio, el sonido no puede viajar sin aire.
—Nuestra dimensión. Aquí las mentiras desaparecen.
—¿Qué... significa eso?
La pregunta le costó. Tuvo que hacer una pausa entre palabra y palabra para recuperar el aliento.
—Que todo muestra su verdadera naturaleza.
Majull se tensó en su mente.
—Maldita sea.
—¿Qué... ocurre?
—Esta dimensión va a complicar las cosas.
Sheijuu sintió la advertencia en la voz de Majull, pero no podía procesarla del todo. El dolor ocupaba demasiado espacio en su mente.
—Dime cómo... sacarla de aquí.
—No puedo. No hay forma. Este lugar no es un sitio al que se entra y se sale como uno quiere. Él decide cuándo se abre y cuándo se cierra.
Sheijuu apretó los dientes.
—Entonces... oblígalo.
—No te puedes mover Sheijuu.
Sheijuu forcejeó. Los zarcillos no se movieron. El dolor se intensificó. Sintió el cristal raspar contra sus huesos, y un grito ahogado se escapó de sus labios antes de que pudiera contenerlo. La sangre resbalaba por sus brazos, goteando sobre la roca gris en un ritmo que marcaba el tiempo que le quedaba. Intentó hablar, pero solo pudo emitir un sonido ronco, una mezcla de dolor y esfuerzo que apenas era una palabra.
Algo empezó a ocurrir. Una corriente invisible. Sheijuu sintió que su Escencia disminuía. Constantemente. Ininterrumpidamente. Miró a Shaara. A ella se la veía drenar mucho más rápido. Su respiración, ya débil, se volvía más superficial. Sus manos temblaban. La piel palidecía.
—Shaara.
—Estoy bien.
—No estás... bien.
—Sheijuu.
—¡No estás... bien, Shaara!
El grito le desgarró la garganta, y el dolor en los brazos se intensificó con la tensión. El esfuerzo de alzar la voz le costó una nueva oleada de agonía que le hizo cerrar los ojos un momento.
El Primordial observó, indiferente.
—Ella no tiene lo que tú tienes. Se agotará antes que tú. Mucho antes.
—¡Suéltala...! ¡A ella no... la necesitas!
—Sheijuu, no... —Shaara tosió, el cuerpo doblándose hacia adelante.
—¡Déjala... ir!
—Interesante propuesta. Pero no. Prefiero ver qué haces con el tiempo que le queda.
Sus ojos empezaron a doler. Una agonía que se sumaba al dolor de los zarcillos. Como si tuviera sal en ellos. Sheijuu gritó, un sonido ronco y desgarrado que apenas era humano. Las venas alrededor de sus ojos se marcaron. La Escencia surgió descontrolada. Y el mundo cambió.
Podía ver las corrientes de Escencia. Los movimientos del aire. Las pulsaciones del espacio. Y pudo ver, con una claridad que le partió el alma, la Escencia de Shaara escapándose de su cuerpo como hilos de humo, cada vez más delgados.
—Majull... mírala...
Su voz era apenas un susurro entrecortado. El dolor en los brazos, en los ojos, en todo su cuerpo, le impedía articular más que fragmentos de palabras.
—Lo veo. No puedo hacer nada.
El Primordial brillaba como un sol. Una masa monstruosa de poder.
—¿Qué... está pasando?
—Tus ojos. Esta dimensión los está forzando a cambiar. Te está exigiendo mostrar todo lo que tienes, todo lo que podrías llegar a ser, de golpe, sin tiempo para prepararte.
—No me importan... mis ojos. Dime cómo... salvarla.
Silencio. El dolor se intensificó en sus brazos. El cristal vibraba con cada latido de su corazón, y su sangre continuaba cayendo sobre la roca gris.
—¿Quién eres... realmente?
—Sheijuu —la palabra salió con dificultad, como si tuviera que empujarla a través del dolor—. Y te juro... que si ella muere aquí... voy a encontrar la forma...
El Primordial no pareció escuchar la amenaza y interrumpió.
—No. ¿Qué eres?
Antes de que pudiera responder, Majull habló. Y esta vez no solo para Sheijuu.
—Es un humano.
El Primordial mostró sorpresa auténtica.
—Así que sigues vivo.
—Apenas.
—Deberías haber muerto hace siglos.
—Y tú deberías estar mucho más lejos de este planeta.
—Te fusionaste con un humano.
—Accidentalmente.
—Qué ironía.
—Sheijuu...
La voz de Shaara era apenas un susurro. Él giró la cabeza, el dolor en el cuello al hacerlo casi le hizo perder el conocimiento. Cada movimiento era una agonía.
—Aquí... estoy. Mírame.
—No puedo... sentir mis manos.
El pánico que sintió Sheijuu en ese momento fue distinto a todo lo que había experimentado. Un pánico específico, con un nombre y un rostro, apagándose lentamente sin que él pudiera hacer nada.
—Majull... algo... lo que sea...
—No tengo forma de hacer nada ahora.
—¡Después no... va a importar!
Shaara intentó decir algo más. Sus labios se movieron sin sonido. Sheijuu creyó distinguir su nombre. O quizás solo quiso creerlo.
—No hables... guarda fuerzas... voy a sacarte de aquí...
Ella negó apenas con la cabeza, como si supiera que era una promesa que no podía cumplir.
Finalmente el Primordial volvió a mirar a Sheijuu.
—Ahora entiendo.
—¿Entender... qué?
—Por qué te encontré.
Pestañeo, por primera vez
—Llevas algo que pertenece a los Primordiales.
El corazón de Sheijuu se aceleró. Majull guardó silencio.
Entonces Shaara gritó. Un sonido ronco y desgarrado que parecía el último esfuerzo de alguien que se está quedando sin aire. Había caído de rodillas. Su Escencia se drenaba más rápido. Su piel era casi blanca. Sus manos colgaban inertes. Su mirada se estaba volviendo vidriosa.
—¡SHAARA!
Sheijuu forcejeó contra los zarcillos. El dolor fue insoportable. Sintió el cristal raspar contra sus huesos. La sangre le corrió por los brazos, empapando sus brazos y cayendo sobre la roca gris. Pero no le importó. Solo quería llegar a ella.
—¡Shaara... aguanta... por favor!
Ella intentó levantar la cabeza. Sus labios se movieron. Formaron algo. Pero ningún sonido salió. Sus ojos, nublados, buscaron los de Sheijuu. Y se fijaron en ellos un momento.
—Majull... haz algo... lo que sea... te lo suplico...
—Sheijuu... —la voz de Majull sonó impotente—. No puedo.
Y el miedo apareció en los ojos de Sheijuu. Un miedo distinto. La certeza absoluta y devastadora de que estaba a punto de ver morir a la persona que le había devuelto las ganas de seguir viviendo.
Si permanecían demasiado tiempo en esa dimensión, ella moriría. Y el Primordial todavía no había empezado a luchar.
Sheijuu sintió que el dolor en sus brazos, en su pecho, en su garganta, era casi insoportable. Pero no podía rendirse. No mientras ella siguiera respirando. Apretó los dientes. Y esperó.
**Fin del Capítulo 15.**